El impacto de los traumas infantiles en la calidad de vida al envejecer
Un estudio revela cómo las experiencias adversas a temprana edad influyen en el bienestar psicológico y físico al final de la vida.
Una reciente investigación ha demostrado cómo los traumas vividos durante la infancia pueden tener repercusiones que se extienden hasta los últimos años de vida. El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), evaluó a más de 6,500 personas mayores de 50 años que fallecieron entre 2006 y 2020, revelando una fuerte relación entre las experiencias traumáticas en la niñez y el sufrimiento físico y emocional en la vejez.
El equipo de investigadores, liderado por el Dr. Ashwin Kotwal, descubrió que aquellos que habían vivido abusos físicos por parte de sus padres, adicciones o violencia durante su niñez, enfrentaban un mayor riesgo de padecer depresión, soledad y dolor en sus últimos días. “El trauma temprano en la vida se relacionaba fuertemente con el dolor al final de la vida, la soledad y los síntomas depresivos”, afirmó Kotwal.
A lo largo del estudio, los participantes completaron cuestionarios sobre 11 tipos de traumas, desde abuso físico hasta exposición a adicciones en sus familias. Además, fueron entrevistados cada dos años hasta su fallecimiento, lo que permitió a los investigadores seguir su bienestar psicosocial. En sus últimos años, aquellos que habían experimentado cinco o más eventos traumáticos tenían un 40% de probabilidad de sufrir depresión, en comparación con el 24% de quienes no reportaron haber sufrido traumas.
Kate Duchowny, coautora del estudio, explicó que el trauma “se mete debajo de la piel”, generando efectos a largo plazo en la salud debido a la persistencia del estrés. Este puede provocar un ambiente inflamatorio en el cuerpo, relacionado con afecciones crónicas que afectan la calidad de vida en la vejez.
Los hallazgos subrayan la importancia de abordar las necesidades de los pacientes desde una perspectiva que considere su historia de traumas, especialmente en el final de sus vidas. Los profesionales de la salud, como psicólogos y trabajadores sociales, pueden desempeñar un papel crucial en el alivio del sufrimiento que no solo se deriva de la enfermedad, sino de los traumas no resueltos que resurgen ante la pérdida de control sobre el cuerpo y la salud.
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