“Herenciocracia”: por qué el patrimonio familiar pesa más que el mérito en el éxito financiero
La historiadora británica Eliza Filby plantea que las generaciones actuales dependen cada vez más del patrimonio de sus padres para lograr estabilidad y éxito financiero, un fenómeno que define como “herenciocracia”. El concepto es desarrollado en su libro Inheritocracy: It’s Time to Talk About the Bank of Mum and Dad (“Herenciocracia: es hora de hablar del banco de papá y mamá”), bestseller en el Reino Unido.
Filby explica que las fortunas acumuladas por la generación del Baby Boom —personas nacidas entre 1946 y 1964— han moldeado el sistema económico en el que hoy se desenvuelven las generaciones posteriores. En sus charlas, suele señalar que los trabajadores menores de 45 años tienen hoy más posibilidades de acceder a una vivienda siendo apoyados por sus padres que siendo leales a sus empleadores.
La autora define la herenciocracia como lo opuesto a la meritocracia. Según afirma, ya no importa únicamente lo que una persona gane o estudie, sino si tiene acceso al respaldo económico familiar, lo que termina definiendo sus oportunidades, su red de seguridad y su transición a la adultez.
Filby sostiene que este fenómeno impacta de forma directa en las generaciones X y millennial, y advierte que podría profundizarse en las generaciones Z y alfa. Recuerda además que el concepto de meritocracia nació como una advertencia y no como un ideal, al ser acuñado en 1958 por el sociólogo Michael Young como una sátira sobre una sociedad que justificaba el éxito solo por el talento y el esfuerzo individual.
La historiadora señala que la meritocracia funcionó para muchos baby boomers no tanto por el mérito en sí, sino por el contexto económico de la posguerra, caracterizado por crecimiento sostenido y mayor acceso a la educación superior. Sin embargo, desde los años 90 —explica— se consolidó una única narrativa del éxito basada en la universidad y los títulos académicos, sin que el sistema pudiera garantizar estabilidad para todos.
Como resultado, Filby advierte que hoy muchas personas enfrentan menores oportunidades reales, altos costos educativos y una creciente dependencia del respaldo económico familiar para construir una vida segura.